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Campillo de Dueñas

By 16 septiembre, 2019Catas

Ya estaba consolidada la primavera cuando me contactó Marta, una agradable mujer que se interesaba en algo tan peregrino como organizar una cata de quesos en Campillo de Dueñas. Para el pueblo entero. Campillo de Dueñas, una de esas recoletas poblaciones que hay en los confines de Guadalajara, donde la amistad de provincias vecinas se incrementa conforme disminuye la distancia. “Cerca de Molina de Aragón. ¿Lo conoces?” Claro que lo conozco. Personas que me rodearon en la infancia y la adolescencia, y aún hoy, provienen de aquella zona. Morenilla, Anquela del Pedregal, Peralejos de las Truchas y tantos más… son poblaciones que en los años 60 del siglo XX exportaron potencial a raudales. Y parte de esas exportaciones fueron a parar a la Inmortal Zaragoza, donde conocí a muchos. Mis propios abuelos maternos nacieron en una localidad que quizá pudiera ver Phileas Fogg desde la vertical de Campillo de Dueñas, si es que un apócrifo adendum a “La vuelta al mundo en 80 días” hubiese sido redactado. Por cierto: ¿por qué todo el mundo se empeña en llamarle con el impronunciable nombre de Greenwich cuando todo el mundo sabe que el meridiano cero pasa por Caspe?

Preparamos con Marta los detalles de la cata. Pondríamos algo relativamente distinto al vaso de vino de toda la vida, pero sin que nadie se quedase bizco. Así, contamos que los tres primeros quesos serían acompañados por un vino blanco de Cádiz y los tres últimos se degustarían con una conocida cerveza tostada.

Surtido queso Campillo
Señal dirección Campillo

Allí nos plantamos el día 26 de agosto por la mañana, durante los actos en honor a la Virgen de la Antigua. La Comisión de fiestas al completo se entregó para que los cien asistentes a la cata estuviesen puntualmente servidos.

Una mirada al cielo nos hizo dudar de lo apropiado de la sopa fría de queso que la amenazante lluvia parecía querer cocinar, así que decidimos celebrar la reunión bajo la hermosa carpa dispuesta en la plaza. Y en buena hora se tomó la decisión, a tenor del agua que unos minutos después cayó.

Con toda la ilusión del mundo, el efímero equipo preparó la centena de platos y los doscientos vasos y, a eso del mediodía, comenzó el espectáculo. A lo largo de unos 90 minutos repasamos las características de cada uno de los quesos, algunos aspectos de los diferentes modos de elaboración y apuntes sobre las bebidas que nos facilitaron el paso del queso. Los asistentes mostraron sus inquietudes a través de las numerosas preguntas que fueron haciendo y que tratamos de satisfacer.

Público Campillo
Público Campillo detalle

Terminada la degustación, fuimos invitados a participar de las fiestas de Campillo como si de un vecino más se tratase y nos abrazaron con cariño y jovialidad. ¡Ojalá se repita!

Tratando de extender la alegría, Quesófagos donó una cesta de quesos para ser sorteada por la Comisión de fiestas entre los vecinos del lugar.

Muchas gracias, Campillo, por tanta alegría y cooperación.

Surtido regalo Campillo

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