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Rampoinas

By 20 octubre, 2016Actividades

El pasado 30 de agosto se celebró el “V concurs de rampoinas”, organizado por Los putos formatgers, un grupo de artesanos queseros de Cataluña que han formado una gran familia cuyos miembros comparten sus ideas, sus trucos, sus vivencias… y sus rampoinas!

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Y aquí viene el primer problema: esto tan fácilmente bautizado como rampoinas, ¿qué traducción tendría al castellano? Aunque no soy bilingüe en catalán, sí que entiendo el significado de la palabreja en cuestión. Pero traducirlo al castellano para que sea fácilmente entendible por quien no sea catalanoparlante me ha llevado a un debate con innumerables personas. Hemos obtenido propuestas y conclusiones poco satisfactorias, entre las que podemos citar: chatarrillas, burrufallas, morralla, deshechos, rechazos, fallos, errores, problemas… Todas estas palabras quedaban fuera, en todo o en parte, del espíritu que la puesta en común de estos quesos significa.

Finalmente, fue nuestra querida Pilar García Mouton quien dio luz ante tanta sombra al sugerir una palabra. En la primera acepción de esta palabra, el DRAE da la explicación en un sentido figurado (golpe en falso que se da con el taco en la bola de billar o de trucos). La segunda acepción, ya libre de imaginación, también se adapta al espíritu que queríamos transmitir (error, descuido, paso o dicho desacertado). Así que ya tenemos la palabra: pifia.

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Llegados a este punto, queda claro el motivo del concurso: presentar las rampoinas que cada uno ha producido últimamente para compararlas, discutirlas y aprender. Pero realmente, Los putos formatgers han ido más allá de un mero concurso. En sus reuniones se establece un clima jovial y despreocupado, donde todos los participantes conversan abiertamente sobre cualquier asunto que les preocupe. Y ello queda demostrado por la presencia de unos cuantos amigos que, aun siendo muy afines al mundo de los quesos, sí que hemos de reconocer que estábamos fuera de la esforzada vida del elaborador.

Naturalmente, hubo una votación como en todo concurso que se precie. Los aprendices de maestro quesero fueron los encargados de anotar los votos y hacer el recuento. Se eligieron “el mejor de los peores” y “el peor”. Realmente, entre las rampoinas, como he dicho antes, los había muy buenos, lejos de ser dignos de olvido…

Me gustaría destacar, más allá de los detalles de las propias rampoinas, el alto nivel de exigencia que estos maestros queseros tienen consigo mismos. Es verdad que nadie está fuera de sufrir el efecto de un butírico, por ejemplo, u otros problemas que pueden venir por diferentes causas; pero es que entre los quesos presentados había una gran parte que tenía más defectos estéticos que de otro tipo, alguno que de tan afinado ya casi producía armónicos y otros que, simplemente, no tenían entre sus cualidades aquellas cuyo maestro quesero había querido encontrar al producirlos. Sin ningún ánimo de polemizar, ni de crítica a institución alguna sino, antes al contrario, como comentario elogioso al pundonor, entrega y profesionalidad de estos maestros queseros, la inmensa mayoría podrían haberse encontrado en la estantería de un supermercado o sobre una rebanada de pan en algún bar de cierto renombre. Aún me atreví a comentar que algunas de aquellas rampoinas podrían haber sido el ejemplo a seguir para alguna celebrada DO…

Para mí, fue un placer, un lujo, un honor y toda una oportunidad asistir a esta celebración en la que participaron, además de otros invitados: Martí (Mas Alba), Josep (Mas Cuirols), Clara (Valette), Pablo (La Balda), Carles (Formatgeria Tiraval), Santiago (Formatger Le Bolut), Judith (Formatges de l’Abadessa), Paula (Reixagó), Silvia (Murgó Fortmages) y Salvador (Mas d’Eroles).

Sólo puedo animar a este grupo para que nunca desista, a pesar de todas las dificultades, en su maravilloso buen hacer y continúen brindando al mundo sus productos sin igual, rampoinas incluidas.

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